CALIFICACIÓN: 8
Fecha de visión: 22 de septiembre de 2.008
NACIONALIDAD: Irán
AÑO: 2.007
DIRECCIÓN: Hana Makhmalbaf
INTÉRPRETES: Nikbakht Noruz, Abdolali Hoseinali, Abbas Alijome
MÚSICA: Tolibhon Shakhidi
FOTOGRAFÍA: Ostad Ali (color)
GUIÓN: Marzieh Meshkini (aka Marzieh Makhmalbaf)
CRÍTICA:
La niña de tus ojos
Esta es una película tramposa, una película que juega sucio, una película que pretende convencernos de que su visión de la realidad afgana de posguerra (por llamarla de alguna forma; ya saben: "cautivo y desarmado el ejército talibán, han alcanzado las tropas internacionales sus últimos objetivos militares...") es la correcta, una película maniquea, que pretende hacernos comulgar con sus propias ruedas de molino... Y lo consigue, vaya si lo consigue, porque hay que ser muy frío y tener el corazón escarchado para no sufrir con las desventuras de la pobre Baktay, con su determinación férrea por ir a la escuela, su valentía o inconsciencia en medio de un mundo cruel, sus hermosos mofletes y, sobre todo, su mirada, profunda, cándida, inocente.
A través de ella, de su historia, la directora apela a nuestro instinto de protección, a nuestra piedad, para que acojamos y nos identifiquemos con Baktay, víctima colateral de un conflicto del que ella apenas tiene noticias, y sumarnos así a su causa. Es un truco muy viejo que conocen perfectamente las ONGs, y que siempre da resultado: la mirada de un niño es más expresiva que cualquier discurso.
No dudo en absoluto de la veracidad de lo que la película refleja (tengo amigos que han estado destinados en Afganistán, y sé que la situación es incluso mucho peor), y creo que esta es una cinta absolutamente necesaria. Lo que me inquieta es que se centre la atención en esos maravillosos ojos, los de Baktay, y nos olvidemos que los que verdaderamente necesitan nuestra ayuda, nuestro apoyo, nuestro cariño, son los niños que la acosan, esos que, remedando a sus mayores, juegan a lapidar, a destruir, a matar, marcados por un comprensible odio a los invasores de su país, al extranjero que ha entrado a sangre y fuego y ha dejado las cosas mucho peor de lo que estaban.
Cada uno de esos niños debería ser un peso en la conciencia de todos nosotros.

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