TÍTULO ORIGINAL: The Exorcist
CALIFICACIÓN: 7
Fecha de visión: 9 de julio de 2.009
NACIONALIDAD: EE.UU.
AÑO: 1.973
DIRECCIÓN: William Friedkin
INTÉRPRETES: Linda Blair, Max von Sidow, Ellen Burstyn, Lee J. Cobb, Jason Miller, Kitty Winn, Jack MacGowran, William O'Malley, Arthur Storch, Barton Heyman, Gina Petrushka, Peter Masterson, Rudolf Schündler, Robert Symonds, Thomas Bermingham, William Peter Blatty
MÚSICA: Jack Nitzsche y Mike Oldfield
FOTOGRAFÍA: Owen Roizman (color)
GUIÓN: William Peter Blatty, basado en su novela, inspirada en un hecho real.
CRÍTICA:
Posesión infernal
Estamos ante una de esas películas que forman parte del imaginario colectivo, que ha llegado a millones de personas, que ha sentado escuela y que ha sido mil veces copiada, homenajeada y parodiada; una cinta con escenas que han pasado a la posteridad y al patrimonio cultural de todos nosotros, con una música tan reconocible como, por ejemplo, la de "Lo que el viento se llevó". En definitiva, estamos ante un clásico.
Sustentado en un guión que sigue al pie de la letra la notable novela de Blatty -que, sin embargo, por alguna razón, me parece mucho más aterradora que la película-, Friedkin logró aunar a crítica y público con una historia tan sencilla como efectiva..., y efectista. Y es que, si bien el planteamiento inicial es prácticamente perfecto, incrementando poco a poco la atmósfera opresiva, el director no puede prescindir de algún que otro golpe de efecto (esas caras demoníacas apareciendo por doquier, casi como planos subliminales), más propio de películas de aficionados que de otra cosa.
Un aspecto que siempre me ha llamado la atención de esta cinta es la rapidez con que se resuelve el tramo final de la misma, es decir, el exorcismo en sí, máxime teniendo en cuenta el ritmo de la primera parte. Por lo demás, hay que destacar el extraordinario trabajo de todo el elenco artístico, donde sobresalen un muy apropiado Jason Miller (Karras), que después se vio relegado a películas menores (aunque llegó a dirigir "Cuando fuimos campeones"), y un soberbio Lee J. Cobb.
En resumen, un gran filme de género, que se ha visto superado por su misma fama, pero que necesariamente hay que ver.

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